viernes, 17 de octubre de 2014

Ciencia: la gran huérfana de la Revolución

ASOVAC-CARACAS.
Dado la relevancia del tema, transcribimos a continuación el articulo de Andrés Eloy Rodríguez González publicado Aporrea.com, el dia 25 de agosto de 2014, titulado:
Ciencia: la gran huérfana de la Revolución
 
Tan importante es reconocer los grandes logros de la Revolución Bolivariana como reconocer críticamente sus errores. La crítica, aceptada con humildad, es indispensable para corregir los errores, redirigir los esfuerzos y enderezar el rumbo a tiempo. No hacerlo puede conducirnos a perderlo todo. Quienes dirigen nuestros destinos en el área de la ciencia deben hacerlo desde ella y no exclusiva y ciegamente, como se ha venido haciendo, desde la improvisación y la politiquería. Deben aguzar sus sentidos y asesorarse mucho mejor. Están distraídos y, por tanto, errando. Busquen y oigan a los sabios. Recuerden al Maestro Jacinto Convit: “La ciencia es el motor del desarrollo de un país”. Contar con individuos intelectualmente sólidos hace poderoso a un país. El conocimiento es poder. Es una necesidad nacional urgente.
Para hacer ciencia se necesitan científicos: hay que formarlos. Pero para formarlos debemos dejar la pichirrez. Basta de becas miserables en un país que literalmente flota sobre petróleo. Sembremos realmente este recurso. Comparen las becas de postgrado otorgadas por países que cuentan con elevado nivel científico con las becas que aquí se otorgan y verán que las nuestras no satisfacen ni las necesidades más básicas del estudiante. Entonces ¿cómo esperamos así una adecuada formación de capital humano para nutrir la ciencia?
El científico debe tener libertad para escoger lo que investiga. Está bien dirigir la mayor parte del financiamiento hacia áreas prioritarias, pero sin negar o descuidar otras cuya trascendencia futura desconocemos. ¿Quiénes deciden qué es prioritario y qué no? ¿Cuáles criterios utilizan? El librepensamiento es parte esencial de la ciencia (cf. Por qué no soy cristiano, de Bertrand Russell). A Semmelweis nadie le hizo caso y murió, humillado y septicémico, a los 47 años, porque en su época no entendieron el alcance de sus descubrimientos. Si no lo hubiesen subestimado se habrían ahorrado cientos de miles de muertes horrendas.
La ciencia requiere una inversión enorme pero altamente justificada. Para hacer ciencia se requiere no sólo excelente capital humano (que lo hemos perdido en cantidad insólita), sino numerosos insumos, reactivos y equipos especializados que no producimos. Por ello, hay que garantizar que la adquisición de los mismos sea expedita, sin tanto burocratismo, que lo más valioso para el investigador es su tiempo. El organismo administrador de divisas no debe seguir imponiendo trabas que se traducen en meses o años de retraso. Por ejemplo, en cualquier país que le da importancia a su actividad científica, el tiempo para obtener insumos en un laboratorio usualmente no pasa de uno a tres días, de tal manera que la investigación no se detiene. En nuestro país, ¡debemos esperar a veces más de un año!
El científico utiliza mucho tiempo de su vida para formarse. Sólo un pequeño porcentaje de los profesionales de un país se dedican a ello. Por eso, perder un sólo científico tiene enorme impacto sobre el progreso de la Nación. Tomando en cuenta esto, es lógico que recibiendo un sueldo que no le permite mantenerse y mantener a su familia, sin tomar en cuenta la imposibilidad (en la práctica) de ejercer su profesión por otros factores que escapan de sus manos, ningún científico está realmente dedicado a la ciencia, i.e., “fuga de cerebros”*. En la praxis, significa la misma pérdida el que se va del país que el que, sin irse del mismo, abandona la docencia y la investigación (o cualquier otra profesión relevante para el desarrollo) por otra actividad que le permita subsistir (biólogos moleculares vendiendo chicha, ingenieros químicos vendiendo ropa interior, médicos cirujanos de taxistas, doctores en ciencias atendiendo heladerías, ingenieros agrónomos vendiendo marquesas). El biólogo molecular podría producir insulina recombinante para dejar de depender de los gringos (soberanía biotecnológica); el químico podría convertir el petróleo en mejores fertilizantes (soberanía petroquímica); el médico podría salvar a alguien o investigar para hacer progresar a la Humanidad (soberanía del conocimiento, soberanía sanitaria); el doctor en ciencias podría buscar mejores tratamientos para salvar a nuestros niños de la malaria, del envenenamiento ofídico o escorpiónico, de las diarreas, del asma (soberanía sanitaria, soberanía científica, soberanía del conocimiento); el ingeniero agrónomo podría fortalecer el agro con su sabiduría y sus investigaciones (soberanía agropecuaria). Cualquier trabajo dignifica al hombre, pero formar profesionales es muy costoso en tiempo y dinero para el país; y mientras más complejos son los problemas a resolver, mayor nivel de formación profesional se requiere. También es una gran pérdida que el profesional abandone el sector público para enriquecer al sector privado. Por todo lo anterior ha creado el Gobierno del Ecuador el programa Prometeo*, captando cientos de científicos de alto nivel para impulsar la ciencia en su país [Prometeos contribuyen a cambiar la matriz energética]*. Les ofrecen lo que merecen y se van, así de sencillo. Mientras tanto, el MPPCTI pretende apoyar al investigador a través del PEII (Programa de Estímulo al Investigador y al Innovador) con 2400 BsF trimestrales (800 BsF mensuales, es decir, el equivalente al costo de unas pocas fotocopias o de una franela), que por supuesto nunca son cancelados a tiempo. Con el dineral que se traga la estupidez de mantener a Maldonado, a Duno, etc. en la F1, y otros gastos injustificados similares, podría cambiarse esta situación inadmisible. O con una pequeña parte del dineral que se pierde por la corrupción. Esas son las contradicciones que debemos eliminar.
Al frente de la ciencia debe estar un científico de probada trayectoria, con vasto currículo, años dedicados a la investigación, con experiencia tutorial en la formación de doctores, numerosos artículos científicos publicados en revistas arbitradas nacionales e internacionales, así como poseedor de experiencia gerencial, de laboratorio y docente a nivel de pre y postgrado. Debe dejársele trabajar suficiente tiempo. Es mejor tardarse en seleccionarlo que reparar los daños causados o el tiempo perdido por haber seleccionado a alguien no idóneo. Para impulsar la ciencia en el país (apartando cualquier crítica que pudiera hacérsele en otros ámbitos), Pérez Jiménez acudió al Dr. Humberto Fernández Morán, quien creó el instituto predecesor del IVIC (IVNIC) apenas con poco más de 30 años de edad. Fernández Morán, quien no aceptó el premio Nobel por la condición de abandonar su nacionalidad, quien creó la cuchilla de diamante, quien trajo microscopios electrónicos a Venezuela y el único latinoamericano que tenía una carta de recomendación de Albert Einstein. Hay excelentes científicos en nuestro país, que conocen a fondo cómo debería enfrentarse el problema de la ciencia: ¡convóquenlos! No sigan ensayando, de enroque en enroque y de fracaso en fracaso. Y, por otra parte, ¿cómo se puede ser ministro de ciencia, tecnología e innovación y además presidente de la principal empresa estatal de telecomunicaciones? Actúen como si jugaran ajedrez. No vamos a ningún lado sólo comprando tecnología y promoviendo la “invención” de peladoras de topochos que usan motores chinos y transmisiones de carros gringos.
Aparte de la gerencia principal, hacen falta individuos preparados para gestionar las políticas centrales a nivel regional, en materia científica, que pongan sus pies sobre la tierra. Por ejemplo, recientemente recibimos, los investigadores acreedores del PEII, una invitación al II Encuentro Regional de Ciencia, Tecnología e Investigación, encuentro que busca “generar e impulsar espacios de participación y articulación entre los actores locales que conforman el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación: Innovadoras(es), Investigadoras(es), Redes Socialistas de Innovación Productiva (RSIP), Estudiantes, Comunidades Organizadas, Cultoras y Cultores Populares, Técnicos y Trabajadoras(es) ligados a la actividad científica-tecnológica, quienes desde sus espacios impulsan y desarrollan de manera consecuente la innovación y la investigación en nuestra región” […]. Con todo respeto les pregunto, a propósito de esa convocatoria tan adornada: ¿En qué país viven ustedes? ¿De qué ciencia están hablando? ¿Qué es lo que vamos a llevar? Vengan a los espacios donde debería estarse creando el conocimiento, para que vean agua negra salir por los grifos (cuando hay agua), para que vean lo que es parar proyectos por meses esperando una cotización, para que vean que los investigadores están todos en la calle haciendo de todo menos ciencia porque el sueldo no alcanza, para que vean lo que cuesta al país (en reactivos y experimentos perdidos) que se vaya la electricidad varias veces por semana, para que vean el daño que le ocasionan al país miles de parásitos enquistados en la universidad, para que vean miles de laboratorios cerrados, para que vean lo indignante que es mendigar divisas para viajar al exterior a formarse o a investigar, o lo que cuesta suspender viajes ya planificados por retrasos con las divisas o con el pasaporte, para que vean al gusano de la corrupción destruyéndolo todo vertiginosamente, para que vean el daño patrimonial, humano y académico que se ha profundizado por no poder cambiar de autoridades universitarias porque no se convoca a elecciones desde hacen años, para que vean carteleras de postgrados con información que no se actualiza desde 2008 (!), para que vean lo frustrante que es desgastarse en postgrados que no se pueden terminar a tiempo. Aterricen. Dediquen ese dinero y ese tiempo a visitar, diagnosticar, diseñar, articular, resolver, evaluar, informar, aclarar y aprender. Salgan del bureau y vengan a ver la verdad in situ, para que puedan coordinar con el poder central políticas realmente útiles.
El acceso a las publicaciones científicas sin limitaciones es un aspecto clave para el desarrollo de la ciencia. Es absurdo el tiempo que hay que malgastar para buscar información por la falta de suscripción de nuestras universidades a revistas especializadas. Obviamente esa falta de suscripción en buena medida se debe a que la corrupción impide que el dinero alcance.
Los que dirigen la ciencia en nuestro país deberían guiarse por buenos indicadores para saber el alcance de sus decisiones, tales como: el número y la calidad de los trabajos científicos realizados en el país publicados cada año en revistas arbitradas nacionales e internacionales (y las correspondientes citaciones), el número de egresados de los postgrados cada año (y por ende el número de trabajos especiales de grado realizados), el grado de dependencia tecnológica y de insumos de nuestro país, la calidad y la cantidad de actividades de extensión realizadas, etc.
A pesar de la existencia de numerosas alternativas al uso de animales de laboratorio, la generación de conocimientos y de diversos productos de interés médico sigue dependiendo en gran medida de los mismos. Requerimos con urgencia la creación de un gran bioterio nacional (o si hay algún proyecto, concretarlo), donde se reproduzcan y ofrezcan conejos, ratas, ratones, cobayos, así como venenos de arácnidos y ofidios, con los más elevados estándares de calidad. Es extremadamente difícil conseguir animales de laboratorio en condiciones adecuadas y de manera oportuna para hacer investigación.
Para tener ciencia y que ésta se traduzca en bienestar social, hay que rescatar la universidad. Y me refiero a la universidad que crea conocimientos, no la que sólo los consume. Aunque tengamos una matrícula universitaria extraordinaria, la formación de los estudiantes actualmente deja mucho que desear, porque se ha reemplazado la calidad por la cantidad (en unas) o porque se ha hecho insostenible mantener un alto nivel académico (en otras). No podemos seguir resolviendo un problema creando otro. Como le oí (palabras más, palabras menos) al eminente Profesor, ya fallecido, Dr. W. Dubuc Marchiani, en una clase magistral: “La universidad es una gran oportunidad para arrancar de raíz la natural estupidez humana”. O, recordando a Siqueiros y su escultopintura “El Pueblo a la Universidad, la Universidad al Pueblo”, sin verdadera universidad no tiene el pueblo dónde adquirir las herramientas a aplicar. Para darle la relevancia que merece éste, el más importante de los aspectos a considerar para reconstruir nuestra ciencia, considero importante leer el artículo del Profesor L. Fuenmayor Toro “Principales Retos Éticos de la Universidad Venezolana” (Aporrea, 18-11-2004)*, del cual cito textualmente algunos extractos que describen claramente la realidad de nuestras universidades y los principales desafíos que hay que superar si queremos cambiar esa realidad:
“[…]en medio de unas comunidades sin principios éticos de ningún tipo, permisivas en sus condicionamientos morales, indisciplinadas en el trabajo, sin una clara formación universal, sin un compromiso intelectual permanente, que parece ser la regla de casi todas nuestras comunidades universitarias, concluiríamos que no se puede contar con nuestras instituciones de educación superior para los importantes combates que se avecinan en este campo. […] señalábamos como indispensable que se impusiera en las universidades y demás instituciones superiores de educación e investigación la ética del conocimiento, que dirigiera la conducta de los universitarios en el sentido de actuar y enseñar a actuar sin prejuicios, sin posiciones visceralmente asumidas, sin fanatismos, sin a priori. […] La universidad debe reivindicar dentro de su comunidad la ética del trabajo, la cual está en total contradicción con el “facilismo” imperante en nuestras casas de estudios, pues si algo caracteriza a la actividad académica es la profundidad del conocimiento que se maneja, la cual requiere de intenso trabajo y profundos esfuerzos, imposibles de realizar en una institución con laboratorios cerrados, aulas de clases vacías, escuelas y facultades inactivas, bibliotecas paralizadas, enfrentamientos violentos entre miembros de la comunidad, ausencia de autoridad, todo lo cual crea un conjunto de situaciones que nada tienen que ver con la universidad y que la va apartando de sus actividades esenciales o la relega a ser una institución bizarra, irreconocible y completamente inservible al objetivo superior que estamos planteando como necesario en la coyuntura actual. Estas situaciones, estamos seguros, obedecen a planes finamente diseñados incluso más allá de nuestras fronteras, precisamente por los enemigos que debemos enfrentar. […] Mantener las instituciones universitarias abiertas y funcionando a plenitud sólo se corresponde con la existencia de autoridades muy bien formadas, capaces, eficientes, eficaces, honestas, dedicadas, en todos los niveles de dirección, lo cual es una situación totalmente incontrolada en nuestras universidades, pues sus claustros universitarios no fueron construidos en muchas ocasiones sobre bases académicas sólidas, sino sobre condiciones de clientelismo partidista, nepotismo, amiguismo y control político de las instituciones, las cuales no gradúan profesionales en los tiempos oportunos, no producen conocimientos suficientes en calidad y cantidad y, en muchas ocasiones, se colocan al servicio de intereses contrarios a los populares y nacionales. […] Su actividad creadora, además de incrementar el patrimonio cultural de la Humanidad y ayudar al avance del conocimiento científico universal, debe permitir la obtención de conocimiento pertinente a las necesidades de la población y así contribuir aceleradamente a resolver los graves problemas nacionales, además de asumir los retos que el verdadero desarrollo significa. […] Calidad de la formación y del trabajo de sus investigadores que les permita crear una comunidad científica respetada internacional y nacionalmente por su elevada y calificada producción intelectual; calidad que se desarrolle en el trabajo con las comunidades, sus líderes locales, los gobernantes locales, regionales y nacionales, para elevar las capacidades y la calidad del trabajo de la gente de manera que puedan asumir sus retos, administrar sus recursos y forjar sus propios destinos. […]Se hace necesaria e impostergable una revisión ética de conceptos como el de autonomía universitaria, pues detrás del mismo se han venido escondiendo distintas perversiones en la actuación de autoridades universitarias de diferentes niveles, en la actividad de gremios y sindicatos, en la labor académica de profesores y en el comportamiento de estudiantes y sus dirigentes. Esto ha llevado a un deterioro grave del funcionamiento universitario y al estancamiento de distintas instituciones. […] El patrimonio institucional es manejado alegremente, muchas veces signado por elementos claros de corrupción, con el enriquecimiento ilícito de autoridades y funcionarios, perversiones inaceptables que han conducido a daños y pérdidas patrimoniales irreparables en varias universidades. La producción académica institucional ha caído muy por debajo de lo sostenible, manteniendo a las actividades de investigación en un claro marginamiento inaceptable y suicida […]“. [ Otro articulo del autor Fuenmayor Toro (2004)]
¿Cuántas de las tareas pendientes comentadas en los párrafos precedentes están siendo resueltas? Si varios países cercanos (Brasil es un excelente ejemplo), han implementado desde hace algún tiempo políticas muy certeras para impulsar la ciencia, haciendo que el país se perfilara rápidamente como una potencia científica mundial, ¿por qué no aprender de ellos cómo lo hacen, cómo lo organizan, como lo dirigen? ¿Hasta cuándo improvisaremos? Impulsar nuestra ciencia requiere esfuerzos mucho más osados e inteligentemente dirigidos que los realizados hasta ahora.
Resumiendo, desde mi humilde perspectiva, si queremos realmente echar a andar la ciencia y con ella conquistar la soberanía, debemos, entre otras cosas:
Reestructurar cargos cruciales en el MPPCTI, colocando gerentes formados para asumir el reto en materia de ciencia. Conformar equipos de trabajo de individuos sólidos en lo profesional y en lo ético. Solidez curricular y probidad.
Convocar a los miles de individuos con alto nivel de formación que se nos han ido más los que aún no lo han hecho, ofreciéndoles condiciones socioeconómicas ajustadas a su nivel de formación, y competitivas frente a sus pares a nivel internacional. Atraer a los mejores científicos, profesores, investigadores. Garantizar la visita frecuente de académicos de universidades extranjeras a nuestras universidades. Convertir la “fuga de cerebros” en una “invasión de cerebros”.
Volver a la universidad. Es decir, rescatar las universidades tradicionales e impulsar la generación de conocimiento mediante el método científico en las nuevas (por causas distintas en cada caso, no se está haciendo esto en ninguna de las dos). Para ello, es indispensable concretar el asunto del ítem 2. Sólo así lograremos la soberanía.
Solucionar las trabas laborales y el sindicalerismo que obligan a las universidades a tener que cargar con miles de trabajadores parásitos en todos los niveles. Acabar con el manejo doloso de los recursos destinados a la universidad. Declarar una guerra a muerte a la corrupción universitaria y extrauniversitaria.
Elevar el nivel de exigencia curricular para todo individuo interesado en acceder a los cargos dedicados tanto a la administración de la ciencia como a su conducción. Esto debería extenderse a todos los cargos en la universidad.
Resolver de una vez las dificultades para adquirir equipos, reactivos e insumos, así como el acceso a divisas para pasantías, postgrados, cursos y congresos. Las divisas dedicadas a las áreas prioritarias para el desarrollo del país no pueden ser administradas –en la praxis– como si fueran divisas dedicadas a la compra de perfumes, pantaletas, carritos y celulares.
Resolver las dificultades en el acceso al conocimiento (suscripción a revistas arbitradas, obtención de libros, etc.). Vean cuánto cuesta un libro de texto.
Promocionar mucho más la lectura en los espacios donde más se requiere. La lectura es la principal herramienta para captar talentos para la ciencia, en distintos niveles. No el internet libre en los liceos, no las tabletas, no las bibliotecas virtuales, porque el ojo no ve lo que el cerebro no sabe… ¡Libros! De nada nos sirve la alfabetización tecnológica si nos analfabetizamos en todo lo demás. Multipliquemos las iniciativas de promoción de la lectura que actualmente se realizan.
Exigir a los docentes investigadores alta productividad para perpetuar un justo y oportuno apoyo técnico y socioeconómico. Para exigir, hay que dar.
Reconocer los méritos de los grandes hombres y mujeres que han dedicado su vida a la ciencia, y, con ella, al verdadero progreso del país. Se muestran como héroes nacionales muchos individuos que poco contribuyen al desarrollo, y se deja de reconocer a aquéllos cuyo aporte al progreso universal es difícil de cuantificar.
Si permitimos que nuestra ciencia y la universidad, como lo están actualmente, sigan huérfanas y descarriadas por la desidia, jamás conquistaremos la soberanía y seguiremos siendo dominados.
El autor es: Docente UCV-Maracay
aerg58@gmail.com

lunes, 18 de agosto de 2014

LA VERDADERA "RESISTENCIA POPULAR".

La autentica resistencia popular está en la manera como la gente afronta el día a día para satisfacer sus necesidades básicas. Basta observar el maltrato al que están expuestas diariamente las personas que acuden a los sitios expendedores de los productos básicos de la cesta alimentaria. Insultos, empujones, desmayos, personas de la tercera edad y en situación de discapacidad que no son tomadas en cuenta en su condición de vulnerabilidad. El nivel de escazes de productos alcanza el 40% en las ciudades del interior del país, según cálculos de los especialistas. A esto se le suma la caída de la actividad productiva. Por ejemplo, actividades económicas que anteriormente definían la vocación tradicional en ciertas zonas del país, hoy presentan un futuro incierto. Tenemos el caso del estado Sucre, con la actividad pesquera, la producción de azúcar con los Centrales Azucareros, la producción de sal y cacao, sin que las autoridades hayan presentado una evaluación del impacto de la estatización de estas empresas.  Sólo sabemos que el desempleo ha crecido y lo único que sostiene la vida económica de la región es el empleo público y la actividad informal y la consecuente precariedad en las condiciones socio-laborales de los trabajadores es alarmante. Mientras tanto, hay una clase política o como diría Lechner un "mercado político" que se nutre y fortalece con esta situación. Ya que su sobrevivencia política y acceso al poder es más fácil si el pueblo está sometido, lesionado diariamente en su autoestima y consumido en una larga e inmensa fila para dar de comer a su familia. A esto se reduce la condición ciudadana y se contradice completamente con un sistema político que dice poner por delante al ser humano. Cada vez se le ven más las costuras al tejido y la opción parece ser la pura y cruda resistencia.
 Imagen tomada de www.madurada.com
 

jueves, 27 de febrero de 2014

PAISAJE DE VENEZUELA


 Tacuato, Península de Paraguaná-Estado Falcón-Venezuela
Por estos cujíes está el cardenalito escondido, con su rojo brillante, esquivo como siempre ...


Golfo de Cariaco, estado Sucre-Venezuela.
Para ellos es un día más de faena, para mí es el azul profundo del poeta Salmerón.

jueves, 30 de enero de 2014

DISCURSO DE LA DRA. IREY GÓMEZ SÁNCHEZ CON MOTIVO DEL DIA DEL TRABAJADOR SOCIAL.
LUGAR: CAMARA DE COMERCIO DEL ESTADO SUCRE. CUMANÁ.
Distinguidos:
Presidente de la Cámara de Comercio del estado Sucre, … y demás miembros de la Junta Directiva. 
Presidente del Colegio de Trabajadores sociales del estado Sucre; Lic. Leoner Calzadilla y demás miembros de la Directiva gremial.
Apreciados colegas, invitados especiales, señoras y señores,
Ante todo quiero ofrecer mis palabras de agradecimiento al Colegio por darme la oportunidad de dirigirme a Ustedes en tan especial momento como lo es el Día del Trabajador Social. No es casual que la misma se haya dado en un momento de mi vida en el que por fortuna han ido pasando cosas interesantes, por ello, también quiero dar gracias a Dios y encomendarle por el bienestar de todos ustedes y el de nuestra querida ciudad de Cumaná.
Quiero comenzar recordando que hoy se cumplen más de 70 años de aquel histórico 29 de Enero de 1942 en el que se graduó el primer grupo de profesionales, dirigidos por la digna colega Luisa Amalia de Vegas, ejemplo hoy en día para las nuevas generaciones en esta disciplina. Desde este punto de vista, el Trabajo Social es una disciplina consolidada en Venezuela. En esta larga trayectoria,  es un día oportuno para realizar un balance de los avances del trabajo social venezolano, dónde nos encontramos y hacia dónde vamos. Es decir, examinar nuestra práctica académica, profesional y científica. Por eso yo pido que este día además de la celebración sea también propicio para la reflexión que bajo las interrogantes antes mencionadas estamos todos en el deber de realizar.
Por lo antes mencionado, voy a aprovechar este momento para hacer algunos planteamientos acerca de lo que caracteriza nuestro horizonte como práctica profesional. Al respecto, Mercedes Escalada  en un interesante artículo acerca de la especificidad del trabajo social, afirma que en nuestro caso el objeto de intervención es a la vez objeto de conocimiento, dicho objeto se refiere “a las necesidades o problemas de la gente y su incapacidad para satisfacer o resolverlos con sus propios recursos”.  Un punto importante que hay que aclarar respecto a este objeto de intervención -que en el caso de los docentes debemos enfatizar a los estudiantes- es que hay que evitar la confusión  en nuestras funciones profesionales y por ende, evitar la distorsión de la práctica profesional. Por qué digo esto, somos mediadores entre los recursos y las demandas o necesidades de la gente, en otras palabras, realizamos la gestión social de un problema, no somos los proveedores de recursos para satisfacer dicho problema, tampoco nuestra labor consiste en hacer trámites y más trámites.  
Con esto quiero recalcar algo que ya se dicho bastante: la intervención profesional y específicamente, el cumplimiento de nuestras funciones de gestión, asistencia, prevención, rehabilitación y promoción social, requieren de un conocimiento técnico y científico del problema social específico de que se trate. Por tanto, tenemos que defender el espacio profesional y cumplir nuestras funciones como es debido, especialmente, hoy en día en Venezuela, se viven situaciones muy complejas, desde el punto de vista político, económico y social. Ustedes más que nadie, están claros en ese panorama, en momentos así se corre el riesgo, de que grupos de poder (sean estos  económicos, políticos o institucionales) presionen a los trabajadores sociales para que éstos hagan un tipo de intervención profesional que satisfaga  intereses particulares, garantice el orden social y opere como muro de contención de las expectativas o demandas de amplios sectores o grupos de la sociedad.
El punto que pongo en el debate es que tenemos que luchar contra la distorsión de nuestra práctica profesional, de nuestro oficio como trabajadores sociales, siempre se lo decía a los estudiantes y lo repito aquí una vez más, no pasamos por una universidad durante más de cinco años, realizamos tres prácticas y nos formamos de manera multidisciplinaria, para que luego, un sector interesado nos convierta en un simple realizador de trámites o lo que es peor en un activista político. Cualquier persona puede fungir de activista o gestionar bienes y servicios, pero para actuar desde el trabajo social, se necesita  tener un conocimiento científico de la realidad social o el micro escenario, en el que nos corresponde actuar, necesitamos además, el manejo preciso de las herramientas teórico-metodológicas y técnicas adecuadas a cada situación. Pero, además y quizás sea esta una de las exigencias más importantes: se requiere de un profesional con compromiso ético-político.
En el actual escenario venezolano, de tanta polarización política y desafíos desde el punto de vista de la gobernabilidad, tenemos que estar atento en lo antes mencionados: no somos gestores, ni activistas políticos, ni servidores al poder para acallar las voces de los ciudadanos. Lo cual no quiere decir, que vamos a volver a la pretendida asepsia y neutralidad profesional, todos tenemos una postura ideopolítica y eso es saludable y tampoco es malo tener militancia política o religiosa. Lo que tenemos que rescatar es que el trabajo social tiene unas funciones, valores, que están enmarcados en determinados enfoques o perpectivas teórico-metodológicas, que según las exigencias de la realidad social se redimensionan o recrean mediante la práctica profesional. Por tanto, no debemos seguir confundiendo u homologando  asistencialismo  con trabajo social.
Llegado este punto, nos preguntamos, hacia dónde vamos en materia de políticas sociales, promoción social, rehabilitación y prevención social. Qué debemos hacer profesionalmente para estar en sintonía y a la altura de los procesos sociales, para contribuir desde nuestra disciplina con la trasformación de la realidad venezolana. Cómo respuesta general, yo diría que no podemos saber hacia dónde vamos, si no tenemos claro, dónde estamos parados en este momento, es decir, que caracteriza en la materia que nos interesa, la Venezuela de hoy en día.
Como todos sabemos, en Venezuela, las políticas públicas y particularmente, las políticas sociales han jugado un destacado papel en el proceso modernizador, desde las políticas de fortalecimiento de capital humano, las intervenciones en el mercado laboral hasta las políticas de controles de precios y salarios. Sin embargo, también es conocido que la inclusión de dichas políticas en la agenda pública, su expresión en la planificación nacional y la participación ciudadana en las mismas, no depende tanto de su formalización en una ley o decreto, o de la voluntad profesional, sino más bien del poder que tengan determinados grupos o sectores  con capacidad de movilización o de presión ante el Estado, para imponer social y políticamente, dichas políticas.
Históricamente, el intervencionismo de Estado, a través de las políticas públicas fue el principal medio de modernización del país, en el contexto de una democracia representativa, que adquirió un rol calificado como populista-paternalista-clientelar. Siendo el duo Estado-partidos políticos, el principal agente de modernización, se produjo una hegemonía de lo político y un  monopolio de la esfera pública por parte de las fuerzas o grupos en el poder.  En los últimos 15 años, a pesar de los esfuerzos jurídicos-normativos, por ejemplo, los avances en materia constitucional, tal realidad ha cambiado poco. Un ejemplo de ello es que el gasto social y con ello el desarrollo de las políticas públicas, sigue respondiendo a una racionalidad, en la que el funcionario público y el operador político, están más pendientes de aquellas acciones que le dan legitimidad al sistema político, sin importar la eficiencia en la atención de las demandas y necesidades sociales de la población venezolana. Una consecuencia de ello es que hay poca labor de seguimiento, evaluación y control de dichas políticas. La partidización de la esfera pública debilita la realización de estas actividades y con respecto a nuestro ejercicio profesional, interfiere un abordaje  en el que se haga una compresión integral de la realidad y se apliquen políticas sociales bajo una perspectiva destinada a que los ciudadanos sean ciudadanos y meros asistidos sociales.
En ese mismo orden de ideas, para nadie es un secreto que todavía existe una brecha entre la norma y la realidad. Hoy día tenemos una excelente constitución, leyes que protegen al ciudadano, que impulsan la participación, la planificación, el poder popular, entre otras. Sin embargo, eso no es suficiente, porque además de las leyes tenemos que transformar la estructura del Estado y la cultura política de nuestra gente, entre otras cosas. Mientras esto no ocurra, el trabajo social también tiende a mantener su espíritu conservador. Por ejemplo, en algunos escenarios institucionales que se niegan a cambiar el quehacer asistencialista o en otros, que promueven un estilo desarrollista que reduce la profesión a una búsqueda incesante de recursos para satisfacer demandas sociales, sin tomar en cuenta, el carácter de estas demandas dentro de lo que son las necesidades sociales y su relación con el Estado y las políticas sociales.
Con lo anteriormente expresado, sólo se ha resaltado un aspecto del diagnóstico, pero hay más cuestiones o problemas que nos afectan profesionalmente hablando.  Independientemente de eso, no podemos perder de vista que el funcionamiento del Estado,   del sistema político y la misma cultura política de nuestra gente,  configura ciertos patrones en el desarrollo de las políticas sociales y por ende, en el ejercicio profesional. Es por ello que cada vez que un determinado grupo de poder (sea económico o político), trata de capitalizar dividendos a través de la asistencia social a los más pobres, aparece como mediador un trabajador social. Pero como ya lo mencione anteriormente, en esencia nuestra tarea es otra.   
La pregunta que ustedes se deben estar haciendo es: Cómo escapamos a esto, cómo sorteamos esta realidad para hacer valer aquello que dice que somos agentes de cambio? Aquí volvemos al punto inicial, tenemos que recuperar y fortalecer nuestra identidad como trabajadores sociales que como dije anteriormente tenemos una formación que nos permite hacer diagnóstico, investigación, planificación y evaluación de los problemas sociales, desde una dimensión psico-social. Es decir, tomando en cuenta, no solo la dimensión estructural de estos problemas y cómo éstos se manifiestan en la sociedad, sino también cómo afectan a la persona y cómo podemos ayudar a esa persona a convertirse en un actor social y no en un sujeto que vive perennemente asistido por el Estado. 
Dicho esto, queda claro a mi parecer que la intervención profesional  SE CARACTERIZA POR EL HECHO DE QUE EL TRABAJO SOCIAL DEBE ACTUAR EN DOS NIVELES, A SABER:
1.         NIVEL PSICOSOCIAL: EL MODO COMO LOS PROBLEMAS EN LA ESTRUCTURA SOCIAL AFECTAN SOCIAL Y PSICOLOGICAMENTE AL SUJETO,  Y
2.         NIVEL VIVENCIAL: EL MODO COMO EL SUJETO VIVE O SIENTE SU PROBLEMA O SITUACIÓN SOCIAL.
Tenemos aquí una síntesis de una discusión que históricamente se ha venido dando en torno al objeto de la disciplina, si bien atendemos situaciones o problemas relacionados con la falta de bienestar social, no nos quedamos sólo en las manifestaciones estructurales de los mismos, sino que nos interesa abordar también, como esta falta de bienestar afecta o perturba la esfera laboral, familiar, social y comunitaria del sujeto y cuál es la vivencia que él tiene al respecto. Estos dos niveles nos liberan de la visión reduccionista que se quedan en lo estrictamente psicologista o sociológico, combinando  ambas perspectivas y el lado subjetivo, del sujeto afectado.   
Por otra parte, dos aspectos claves para avanzar serían el desarrollo de políticas sociales y políticas públicas en general que vayan en pro del desarrollo social y la construcción de ciudadanía y por otro lado, fomentar la participación ciudadana en ese desarrollo de forma autónoma y autogestionaria.  Con estos dos últimos puntos, estamos diciendo que en esencia la función del trabajo social es también una función político-educativa, al tratar de promover en el individuo ciertas cualidades o habilidades y una estructura de pensamiento, que le permita romper con cualquier tipo de subordinación. Por tanto , el  empoderamiento ciudadano es clave para el avance de la profesión.  Esta función política está implícita en todo lo que hacemos, pero no es algo exclusivo del trabajo social, más bien nosotros desde nuestra especificidad profesional brindamos un aporte.  
De igual manera, es bueno señalar que si bien nos movemos en escenarios sociales o institucionales que intentan dar respuesta a situaciones que tienen que ver con la pobreza y aunque a veces desde el Estado se pretenden dar soluciones asistenciales, no hay que olvidar que la pobreza es un problema estructural y multifactorial, por ende, tiene que ser comprendido y abordado en sus dimensiones antropológicas, políticas, históricas  y socioeconómicas. Por tanto, no es la atención a la pobreza per se, lo que nos define y fortalece profesionalmente hablando sino la posibilidad de construir o aportar soluciones a la misma desde una perspectiva interdisciplinaria y transdisciplinaria.  Así que a propósito de este tema, aprovecho la oportunidad para resaltar que  en este momento vivimos un conjunto de transformaciones en lo que se ha dado en llamar el sistema global, el sistema-mundo o la economía capitalista. En ese contexto que algunos llaman de la postmodernidad, existe también en las ciencias sociales una discusión acerca de nuevos paradigmas, enfoques, conceptos que permitan realizar las lecturas de esta nueva realidad. Para el trabajo social, por ejemplo, conceptos,  realidades y fenómenos, tales como: familia, relaciones interpersonales, trabajo, pobreza, entre otros, ya no pueden ser entendidos, ni mucho menos abordados de la manera tradicional.  Por eso, comparto plenamente lo que al respecto dice la colega Teresa Matus, en cuanto a que: “en las maneras de nombrar el contexto de transformaciones que vivimos se juegan,  … las posibilidades de configuración profesional, y … perspectivas metodológicas” (2001).  Esto nos lleva a la necesidad de dar un giro  epistemológico en nuestra manera de acercarnos a la realidad, tenemos que ser más comprensivos, creativos e interpretativos, alejándonos de las visiones positivistas, lineales, que muchas veces colocan los métodos, las leyes, las técnicas y las ideologías por encima de la realidad. Así como una melodía  que nos gusta, tenemos que poner atención a los  distintos sonidos que la componen. Ya pasó el tiempo, de los pensamientos únicos, de los grandes relatos y las categorías omniexplicativas. Ya podemos andar sin las muletas del funcionalismo o del marxismo. Podemos, construir a partir de la investigación e intervención en la realidad nuestras propias categorías de análisis y desde ahí, redimensionar nuestro ejercicio profesional de acuerdo a los cambios en el contexto social.
Un aspecto al que no puedo dejar de referirme es al de la Ley del Ejercicio Profesional del Trabajo Social, opino que su aprobación es un  gran avance, no obstante hay artículos en su contenido que merecen una discusión, ya que se utilizan conceptos o ideas que nos llevan a etapas ya superadas por esta disciplina. De igual modo, resulta cuestionable y problemática en el articulo 5, la inclusión o más bien la superposición de otras profesiones que aunque pueden tener algún grado de afinidad, en esencia no guardan relación con la naturaleza del trabajo social. Tal como lo hemos resaltado antes, nuestra función no se limita a la tarea de gestionar  bienes y servicios en las comunidades.  Así que este es un asunto que también se debe resolver para el bien de todos.
Como bien lo señalan dos distinguidas colegas costarricenses como María Lorena Molina y María Cristina Romero (1999): “Las profesiones son formas socio técnicas del trabajo humano, más o menos vinculadas, que dan respuesta a una parcela más o menos determinada de la realidad, y para ello, capta e interpreta situaciones y fenómenos valiéndose de todos los conocimientos y campos del saber que le sean necesarios y elabora propuestas de intervención que contribuyan a la solución de problemas.
 En consecuencia, no hay profesiones científicas y profesiones técnicas, sino prácticas o actividades científicas, y no hay campo de conocimiento científico exclusivo de una profesión.”
Concluimos con esta cita, que los desafíos que hemos planteado no son exclusivos del trabajo social, por ello sin perder nuestra identidad profesional, tenemos que considerar el actual cambio de paradigmas, articular las teorías sociales desde lo transdisciplinario y reconstruir nuestra práctica profesional, conservando los  valores y principios que nos han definido como una profesión  al servicio de la gente. Tal como lo afirma Ander Egg, hoy el nuevo humanismo supone la preocupación de todo el hombre y de todos los hombres, cuyo propósito es la construcción de una sociedad más fraterna, más justa e inclusiva. En esa dirección andamos los trabajadores sociales. 
Muchas gracias por su atención… y feliz día para todos!!!!
Cumaná, 29 de Enero de 2014.








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